Archive for the Las locuras de Claudia Category

Inmortalidad.

Posted in Las locuras de Claudia on julio 2, 2011 by Claudia la Vampira

Por: Claudia la Vampira.

Desde antes de convertirme en atea acostumbraba a sentarme en un rincón oscuro, con un cigarrillo entre los dedos y los ojos pintados con kohl, esperando a que un vampiro viniera a darme la oportunidad que nunca tuvo y me arrancara de los brazos de mi madre como un monstruo de un cuento de hadas, pero eso jamás pasó. Ningún vampiro vino nunca a beber de mi sangre y arrastrarme a un hermoso Jardín Salvaje. Aun así siempre estuve enamorada de la noche y poco a poco mi alma mortal se entregó a la depravación de las horas nocturnas, descansando de día y desafiando de noche a mis pesadillas. No me expuse más a la luz natural, mi pálida piel era vulnerable y sólo soportaba el reflejo de la luna.

Pero un día me enteré que la luz la daría yo, que un pedazo de vida estaba creciendo en mí, llenando todo mi interior y expulsando a mis demonios, pequeños espíritus traviesos que fui recolectando en mis andanzas, dándoles asilo allí donde mi alma se iba desgastando. Con cada centímetro que aumentaba mi cintura, cada uno de ellos fue saliendo de mí y, sin tiempo de poder encontrar otro refugio, murieron al ser tocados por el aire. Busqué la inmortalidad y esta llegó a mí, sólo que sin sacrificar vidas humanas y sin ofrecer mi sangre como alimento. El vampiro que esperé toda mi vida no vino de lejos, sino desde mi propio interior y él será mi vida eterna.

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El Vampiro que fui.

Posted in Las locuras de Claudia on abril 11, 2011 by Claudia la Vampira

Por: Claudia la Vampira

Me siento como un vampiro que vuelve a ser mortal, que regresa a la luz del sol y debe alejarse de la sangre, de la muerte, de la belleza de la noche y las lunas plateadas. Dejé dentro de mi ataúd los terciopelos y encajes, me arrancaron los colmillos y mi sistema digestivo empieza otra vez a funcionar. Mis ojos… mis ojos se adaptan a la luz diurna y mi pálida piel ya no es vulnerable al sol. Vuelvo a sentir dolor y a pensar en el futuro, en si habrá un mañana y en lo que, en ese mañana, pasará. Ya no soy una de las criaturas del demonio, ya no puedo entrar y salir del infierno, y el paraíso y sus ángeles coquetean conmigo, quizá piensen que podría redimirme, pero no quiero, porque aunque el dulce Satán ya no pose sus verdes ojos en mi, yo siempre seré una hija de la noche. Los abstemios no beben vino, pero lo desean; yo ya no me refugio en gargantas rebosantes de dulce y tibia sangre, pero lo añoro y deseo un día regresar al Jardín Salvaje, a mi inmortalidad, a sobrevivir entre las sombras, componiendo versos a la luz de las velas y saboreando el rojo líquido, alimento de los dioses oscuros y hermosos que tienen vedada la entrada al cielo, pero que no la necesitan, porque juegan con los mortales y sus vidas.

Ah… la sangre, ahora corre pura por mis venas, limpia y llena de vida. Mi corazón late y siente. Un espíritu que regresó del limbo para ocupar de nuevo un lugar en el mundo.

Publicado originalmente como Breve Desahogo en Los Días Extraños de Vladimir el 27/07/10